Los fisioterapeutas pediátricos de la Unidad de Neurorrehabilitación Infantil de Fundación Hospitalarias Valencia Jordi Carrión y Sergio Muñoz firman el capítulo Juego, ocio y socialización a través del movimiento del libro Movimiento, salud y tecnología en la discapacidad infantil. En esta entrevista explican por qué el objetivo de la rehabilitación infantil debe ir más allá de la mejora física y centrarse en favorecer la participación de los niños y niñas con diversidad funcional en las actividades que dan sentido a su vida cotidiana.
Jordi Carrión y Sergio Muñoz, fisioterapeutas de la Unidad de Neurorrehabilitación Infantil de Fundación Hospitalarias Valencia, han participado como autores en la obra Movimiento, salud y tecnología en la discapacidad infantil. El libro —editado por los doctores Olga Arroyo, Esther Toro e Ignacio Martínez — cuenta con el aval de la SEFIP y la colaboración de diversas entidades científico-sanitarias, entre ellas CSIC, SERI, SENEP, SEOP, ASEM, SERMEF, ASPACE y APAC. La publicación recoge miradas de profesionales de reconocido prestigio basadas en la evidencia científica y la experiencia clínica. En su capítulo, ‘Juego, ocio y socialización a través del movimiento’, nuestros fisioterapeutas pediátricos defienden que el objetivo de la intervención, además de mejorar las capacidades motoras, ha de conseguir que cada niño o niña pueda jugar, aprender, relacionarse y participar activamente en los entornos que forman parte de su día a día. En esta entrevista explican por qué el movimiento es una herramienta de inclusión y cómo la implicación de las familias, de la escuela y de la comunidad, y la utilización de la tecnología pueden marcar la diferencia en la calidad de vida de quienes, desde una edad temprana, viven con discapacidad.
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¿Cómo se gestó vuestra participación en el libro?
Nuestra participación surgió de una inquietud compartida por acercar la evidencia científica y la experiencia clínica a un aspecto que, durante mucho tiempo, ha quedado en un segundo plano: la participación de los niños y niñas con discapacidad en su vida cotidiana.
Desde la Unidad de Rehabilitación Infantil de Fundación Hospitalarias Valencia trabajamos diariamente para que los objetivos terapéuticos tengan un impacto real en la vida de los pacientes. El libro nos brindó la oportunidad de compartir esa forma de entender la rehabilitación y poner en valor la importancia del movimiento, el juego y el ocio como herramientas de inclusión.
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¿Por qué es tan importante la relación entre movimiento, juego, ocio y socialización en la discapacidad infantil?
Porque en la infancia el movimiento no es un fin en sí mismo; es la vía que permite explorar el entorno, jugar, relacionarse y aprender.
Cuando un niño mejora su capacidad para moverse, no solo camina mejor o mantiene mejor el equilibrio. También aumenta su autonomía, participa en más actividades, interactúa con otros niños y desarrolla habilidades emocionales y sociales.
Por eso entendemos el movimiento como una herramienta que abre oportunidades de participación.
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¿El juego debe ocupar un lugar central en la intervención pediátrica?
El juego es la principal ocupación de la infancia y el contexto natural donde los niños aprenden habilidades motoras, cognitivas y sociales. Además, incrementa la motivación y la adherencia al tratamiento.
No se trata de «jugar por jugar», sino de utilizar el juego como un recurso terapéutico con objetivos concretos, adaptado a las capacidades e intereses de cada niño.
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Cuando habláis de participación, ¿a qué os referís y por qué es tan importante?
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La participación significa formar parte activa de las actividades que son importantes para cada niño: jugar con sus amigos, practicar deporte, ir a una excursión escolar, celebrar un cumpleaños o disfrutar del tiempo libre con su familia.
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Desde vuestra experiencia, ¿qué barreras se encuentran con más frecuencia los niños y niñas con discapacidad a la hora de tomar parte en actividades cotidianas?
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Muchas veces pensamos que el principal obstáculo es la discapacidad, pero la realidad es que las barreras suelen estar en el entorno.
Encontramos limitaciones relacionadas con la accesibilidad, la falta de actividades inclusivas, el desconocimiento sobre cómo adaptar propuestas, la escasez de recursos o incluso el miedo a que el niño no pueda participar. Si modificamos el entorno y ofrecemos los apoyos adecuados, las oportunidades de participación aumentan considerablemente.
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¿Cómo puede el movimiento convertirse en una herramienta para favorecer la inclusión social?
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El movimiento permite que los niños compartan experiencias con otras personas.
Cuando un niño puede participar en un juego, una actividad deportiva o una salida con sus compañeros, deja de ser un espectador para convertirse en protagonista.
La inclusión no consiste únicamente en estar presente, sino en poder participar activamente. El movimiento facilita precisamente esa participación y favorece que aparezcan relaciones sociales naturales.
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¿La tecnología puede facilitar el acceso al juego y la participación social?
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La tecnología ofrece cada vez más posibilidades para eliminar barreras.
Productos de apoyo, sistemas de comunicación aumentativa, videojuegos adaptados, realidad virtual o dispositivos de asistencia permiten que muchos niños participen en actividades que antes resultaban inaccesibles.
Sin embargo, la tecnología debe entenderse como un medio y no como un fin. Su verdadero valor aparece cuando facilita la participación en contextos reales y mejora la calidad de vida.
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¿Cómo se incorporan desde el equipo de rehabilitación infantil objetivos relacionados con el ocio y la socialización?
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Cada vez intentamos que los objetivos terapéuticos estén más vinculados a situaciones reales de la vida diaria.
No buscamos únicamente mejorar una función motora, sino que esa mejora permita al niño hacer cosas que realmente desea: jugar en el parque, montar en bicicleta, participar en educación física o practicar un deporte adaptado.
Para ello trabajamos junto con las familias, los centros educativos y entidades de la comunidad, favoreciendo que las capacidades adquiridas durante la terapia se trasladen a la vida cotidiana.
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¿Qué papel juegan la escuela, la familia y la comunidad en general en este proceso?
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Es un papel imprescindible.
La intervención no termina cuando acaba la sesión de rehabilitación. Los mayores avances se producen cuando familia, escuela, profesionales y comunidad trabajan en la misma dirección.
La familia conoce mejor que nadie las necesidades e intereses del niño, la escuela ofrece un entorno privilegiado para la inclusión y la comunidad debe garantizar oportunidades reales de participación. Solo desde ese trabajo conjunto conseguimos cambios duraderos.
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¿Cuál es la principal idea que os gustaría transmitir a profesionales y familias de este capítulo? ¿Tenéis alguna recomendación que hacerles?
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Nos gustaría transmitir que el éxito de la rehabilitación no debería medirse únicamente por cuánto mejora una capacidad física, sino por cuánto aumenta la participación del niño en las actividades que le hacen feliz y dan sentido a su día a día.
Nuestra recomendación es mirar más allá de las limitaciones y centrarse en las oportunidades. Adaptar actividades, eliminar barreras y confiar en las capacidades de cada niño puede marcar una enorme diferencia.
Cuando conseguimos que un niño juegue, se relacione, practique deporte o participe con sus iguales, no solo estamos mejorando su función física; estamos favoreciendo su desarrollo, su bienestar y su inclusión en la sociedad.







