Las lesiones cerebrales en el primer año de vida provocan marcados déficits de conducta y aprendizaje socioemocional

Las lesiones cerebrales en el primer año de vida provocan marcados déficits de conducta y aprendizaje socioemocional
nov

19

2009

Las lesiones cerebrales en el primer año de vida provocan marcados déficits de conducta y aprendizaje socioemocional

“El daño cerebral durante la infancia es especialmente importante, ya que nos encontramos ante un cerebro en desarrollo, lo que le confiere una mayor vulnerabilidad”. Esta afirmación pertenece a Beatriz Gavilán Agustí, neuropsicóloga de la Unidad de Rehabilitación Infantil del Hospital Beata María Ana, perteneciente a la Red Menni de Servicios de Daño Cerebral.

En su disertación, enmarcada en la VIII Jornadas de la Sociedad Española de Neurorrehabilitación (a su vez enmarcadas en la LXI Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología), la experta ha abordado el “Desarrollo y la Rehabilitación de las Funciones Ejecutivas”.

Beatriz Gavilán ha explicado que “el lóbulo prefrontal es el sustrato anatómica de estas funciones, además es el encargado de dirigir el más alto nivel de integración mental, la interacción social”. Asimismo, indicaba que “estas funciones emergen durante el primer año de vida, se perfeccionan en la edad adulta y se completan a comienzos de la edad adulta”.

Así pues, las lesiones prefrontales van a condicionar la aparición y/o el desarrollo de las funciones ejecutivas, y por lo tanto el desarrollo social y emocional. De esta forma, “las lesiones durante el primer año de vida en determinadas zonas del lóbulo prefrontal van a provocar en el niño marcados déficits en la regulación de su conducta y en el aprendizaje socioemocional, lo cual provoca en muchos casos trastornos generalizados del desarrollo como autismo y síndrome de Asperger”. La experta ha abordado también las disfunciones a nivel prefrontal sin daño estructural, como por ejemplo el TDAH.

En ambos casos, “la intervención temprana es fundamental para minimizar las posibles consecuencias del daño o de la disfunción”. “Esta intervención”, indicó, “debe ser realizada por un especialista con un profundo conocimiento del desarrollo infantil normal y de las manifestaciones conductuales y cognitivas de los trastornos neuropediátricos”.

Para concluir, Beatriz Gavilán ha manifestado que “la intervención en niños con déficits ejecutivos debe ser individualizada, y debe contar con la participación de padres y profesores”. Asimismo ha recordado que los efectos de un daño cerebral en la población infantil pueden no ser fijos o estáticos después de años.

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