Hablamos con el neuropsicólogo de la Unidad de Daño Cerebral de Fundación Hospitalarias Madrid David de Noreña Martínez, autor principal del artículo ‘Apathy Through History: A Disorder at the Crossroads of Psychiatry and Neurology’, recién publicado en Neuropsychology Review, una de las revistas internacionales de referencia en el ámbito de la neuropsicología. La mirada histórica de nuestro experto, desde la neuropsicología clínica, aborda la apatía como un síndrome neuropsiquiátrico en la intersección entre la psiquiatría y la neurología. “Reconocerla como un trastorno específico, y no solo como un ‘síntoma secundario’, tiene implicaciones directas: mejora la detección, favorece una evaluación más precisa y abre la puerta a intervenciones más ajustadas a lo que le pasa realmente al paciente”, asegura.
David de Noreña Martínez, neuropsicólogo de la Unidad de Daño Cerebral de Fundación Hospitalarias Madrid, es el primer autor del artículo ‘Apathy Through History: A Disorder at the Crossroads of Psychiatry and Neurology’ (‘La apatía a lo largo de la historia: un trastorno en la intersección entre la psiquiatría y la neurología’) que acaba de publicar Neuropsychology Review. El trabajo —firmado también por Ignacio Sánchez Cubillo, Daniel Adrover Roig, José Ignacio Quemada y Marcos Ríos Lago— ofrece una revisión histórica y conceptual exhaustiva sobre la apatía como síndrome neuropsiquiátrico.
El artículo se publica en abierto, puede leerse y descargarse pinchando sobre la imagen inferior. Entrevistamos a su primer autor.
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David, ¿qué supone para ti la publicación de este artículo en esta prestigiosa revista del ámbito de la neuropsicología?
Ha sido muy gratificante. Detrás de este artículo hay mucho tiempo de trabajo, lectura y reflexión, y verlo publicado en una revista internacional de referencia como Neuropsychology Review supone un impulso importante para mí, casi no me lo podía creer al principio. Además, es el primer trabajo derivado de mi tesis doctoral, que es una tesis teórica en tres partes. Esta publicación representa el punto de partida y me ha servido como un gran estímulo para acelerar y consolidar el resto del proyecto, que confío terminar en no demasiado tiempo.
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¿Cómo defines la apatía y en qué se diferencia de otros conceptos como desidia, anhedonia o abulia?
La apatía puede definirse como una reducción significativa de la conducta dirigida a objetivos —es decir, menos iniciativa, menos interés, menos implicación emocional o social— en comparación con el funcionamiento previo de la persona.
Es importante diferenciarla de otros conceptos cercanos:
- Desidia es un término coloquial, más moral o actitudinal, que no implica una alteración neurológica, estructural o funcional.
- Anhedonia se refiere específicamente a la dificultad para experimentar placer, o para experimentarlo “anticipadamente”; es un componente afectivo, frecuentemente asociado a la apatía, pero no abarca toda la dimensión motivacional.
- Abulia suele considerarse una forma más grave de alteración de la voluntad, con una marcada reducción de la iniciativa. Para algunos autores, es una forma grave de apatía.
La apatía es un constructo más amplio y multidimensional, que integra componentes motivacionales, emocionales, cognitivos y conductuales, también sociales.
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¿Qué te motivó para realizar una revisión histórica sobre la apatía?
La historia en general me apasiona, y creo que asienta los cimientos de cualquier disciplina, especialmente en las neurociencias. Nuestros modelos actuales no surgen de la nada: son el resultado de planteamientos previos, debates conceptuales y descripciones clínicas que se hicieron hace décadas o incluso siglos. En el caso de la apatía, se han descrito multitud de síntomas y trastornos similares bajo diferentes nombres (abulia, atimormia, mutismo acinético, síntomas negativos) que, al menos parcialmente, hacen referencia a fenómenos muy próximos. Comprender esa evolución histórica permite aclarar conceptos, evitar confusiones y construir modelos más sólidos.
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¿Qué lugar ocupa la apatía como síndrome subyacente a múltiples trastornos y qué implicaciones tiene para la práctica clínica?
La apatía es un síndrome transdiagnóstico: aparece en enfermedades neurológicas como el ictus, el daño cerebral adquirido o las demencias, pero también en trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia o la depresión. Tiene un enorme impacto clínico porque se asocia con peor evolución funcional, menor adherencia a tratamientos, mayor carga para los cuidadores y peor calidad de vida en general. También es un predictor en algunos casos de deterioro cognitivo y, a su vez, está influida por el funcionamiento cognitivo. Reconocerla como un trastorno específico, y no solo como un “síntoma secundario”, tiene implicaciones directas: mejora la detección, favorece una evaluación más precisa y abre la puerta a intervenciones más ajustadas a lo que le pasa realmente al paciente.
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¿Qué criterios seguiste para seleccionar las fuentes históricas y científicas incluidas en la revisión?
Seguí un enfoque integrador. Por un lado, revisé textos y autores clave que marcaron hitos en la descripción de los llamados “síntomas negativos” en psiquiatría y de los trastornos motivacionales en neurología. Por otro, incorporé literatura científica contemporánea relevante, especialmente trabajos que han contribuido a la conceptualización moderna de la apatía como síndrome neuropsiquiátrico y transdiagnóstico. El objetivo no era solo acumular referencias, sino reconstruir una línea evolutiva coherente que conectara las primeras descripciones clínicas con los modelos actuales. El artículo de Prange et al., 2018, por ejemplo, fue una de mis principales inspirarciones, en cuanto a contenido y forma: los autores se plantearon una descripción de la evolución histórica de la apatía, específicamente en la enfermedad de Parkinson, de la que me he nutrido mucho. Me faltaba poder unirlo con la otra rama del conocimiento en el que se ha descrito mucho la apatía: la psiquiatría.
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¿Cuáles son los hitos históricos más relevantes que han marcado la comprensión de la apatía desde la filosofía hasta la clínica moderna?
Uno de los primeros hitos es el concepto filosófico griego de apatheia, que aludía a la ausencia de pasiones. Desde este punto de vista, la apatía era una virtud: la quietud del alma, no algo patológico. En el siglo XIX y principios del XX, aparecen las primeras descripciones clínicas en el ámbito psiquiátrico, especialmente en relación con la esquizofrenia y los síntomas negativos. También en relación con la depresión, la melancolía, aunque por diferentes motivos en el artículo nos centramos en esa sintomatología negativa tan nuclear en la esquizofrenia. En neurología, los estudios sobre lesiones frontales y ganglios basales, así como los síndromes como la abulia o el mutismo acinético, aportaron una base neuroanatómica. Finalmente, en los años noventa, Robert Marin formuló una definición moderna de la apatía como síndrome motivacional independiente, lo que supuso un punto de inflexión en su conceptualización hasta nuestros días.
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¿Qué aportaciones clave de la neurología y de la psiquiatría consideras importantes en el estudio actual de la apatía?
La psiquiatría aportó las primeras descripciones sistemáticas de la reducción de la iniciativa, el embotamiento afectivo y los síntomas negativos, especialmente en la esquizofrenia. Son especialmente elocuentes y hasta bonitas las descripciones de autores como Bleuler o Kraepelin de sus pacientes abúlicos y aplanadados afectivamente. La neurología, por su parte, proporcionó evidencia sobre las bases anatómicas y neuroquímicas de estos fenómenos, destacando el papel de los circuitos frontosubcorticales y del sistema dopaminérgico. Hoy sabemos que la apatía no es solo una cuestión tan sólo “emocional”, sino un fenómeno complejo que implica redes cerebrales relacionadas con la motivación, la toma de decisiones y la conducta dirigida a metas. Integrar ambas tradiciones, psiquiátrica y neurológica, es clave para avanzar hacia modelos más precisos y útiles para la práctica clínica.
La apatía emerge en este trabajo como un trastorno neuropsiquiátrico multidimensional, caracterizado por una reducción de la conducta dirigida a objetivos, la cognición, la emoción y la interacción social, con importantes implicaciones clínicas tanto en trastornos neurológicos como psiquiátricos. A través de esta revisión histórica y conceptual hasta su consolidación actual como un constructo transdiagnóstico, se subraya la necesidad de reconocer la apatía como un síndrome independiente, con fundamentos neurobiológicos distintos.
Desde aquí, damos las gracias a David de Noreña por compartir su conocimiento en esta entrevista y le trasladamos nuestra más cálida enhorabuena por esta destacada publicación.






