Volver a realizar las actividades de la vida diaria es uno de los principales objetivos de los programas de rehabilitación tras un daño cerebral. La terapia ocupacional contribuye a lograrlo mediante intervenciones centradas en actividades significativas que ayudan a mejorar la autonomía y la participación en el día a día. Nos cuenta cómo es el proceso Pablo García, terapeuta ocupacional de la Unidad de Daño Cerebral y Neurorrehabilitación de Fundación Hospitalarias Valencia.
Cuando hablamos de neurorrehabilitación solemos pensar en recuperar el movimiento, el lenguaje o la memoria. Sin embargo, el verdadero reto comienza cuando esos avances consiguen trasladarse al día a día. Recuperar movilidad en la mano o entrenar capacidades cognitivas solo tiene sentido si permite volver a realizar actividades básicas de la vida diaria como ponerse una camiseta, preparar un café, escribir un mensaje o comer de forma autónoma. Es precisamente ahí donde una disciplina, la terapia ocupacional, desempeña un papel fundamental.
«La ocupación es nuestra principal herramienta de trabajo», explica Pablo García, terapeuta ocupacional de la Unidad de Daño Cerebral y Neurorrehabilitación de Fundación Hospitalarias Valencia. «Trabajamos para que las personas recuperen la capacidad de volver a hacer aquellas actividades de la vida diaria que han dejado de realizar». A través de actividades con un propósito real, esta disciplina consigue que los avances logrados durante la rehabilitación se traduzcan en acciones cotidianas que permiten a la persona desenvolverse con mayor independencia.
Cada persona tiene su propio camino
No existen dos procesos de rehabilitación iguales. Cada intervención comienza con una valoración individual en la que el equipo conoce la historia de vida de la persona, sus intereses, sus rutinas y prioridades. A partir de esa información se establecen unos objetivos compartidos que orientan el tratamiento y permiten adaptar la intervención a las necesidades reales de cada paciente.
«No trabajamos un movimiento porque sí; lo trabajamos para que la persona pueda volver a hacer aquello que es importante para ella», señala Pablo García. En algunos casos será comer de forma autónoma; en otros, cocinar, escribir en un ordenador o reincorporarse a determinadas tareas laborales. Y cuando una capacidad no puede recuperarse por completo, la Terapia Ocupacional recurre a adaptaciones, productos de apoyo o estrategias compensatorias para que la persona siga realizando aquellas actividades que forman parte de su vida.
La implicación de la familia también resulta esencial. La rehabilitación no termina cuando acaba la sesión; continúa en casa, donde la persona pasa la mayor parte del tiempo. Por eso, el equipo acompaña y orienta a familiares y cuidadores, ofreciéndoles herramientas para apoyar el proceso y favorecer que esos avances formen parte de la rutina diaria.
Cuando una afición también ayuda a rehabilitar
La Terapia Ocupacional entiende que la recuperación también pasa por reconectar con aquello que motiva a cada persona. Bajo esa idea nació el taller de bricolaje y jardinería que impulsa el equipo de Fundación Hospitalarias Valencia, una iniciativa que utiliza actividades significativas como herramienta terapéutica.
Muchos de los participantes habían dedicado buena parte de su vida a trabajos manuales o disfrutaban del bricolaje y la jardinería como afición o profesión antes de sufrir un daño cerebral. Retomar estas ocupaciones les permite trabajar capacidades motoras y cognitivas en un contexto natural, reforzando la movilidad, la participación y la autoestima. Porque la rehabilitación no consiste solo en entrenar funciones, sino también en ayudar a las personas a reencontrarse con aquello que forma parte de su identidad.
Mucho más que una terapia
Además de la atención directa a las personas, los profesionales de terapia ocupacional de Fundación Hospitalarias participan en proyectos de colaboración con otros centros de la Red de Daño Cerebral y Neurorrehabilitación de Fundación Hospitalarias. Actualmente, este trabajo conjunto se centra en el desarrollo de un protocolo común de valoración que permitirá unificar criterios entre los distintos centros de la Red y seguir mejorando la atención que reciben las personas.
Como resume Pablo García, «la terapia ocupacional ayuda a transformar la recuperación en participación, para que las personas vuelvan a hacer aquello que da sentido a su vida». Una idea que refleja la esencia de esta disciplina: acompañar a cada persona para que pueda recuperar aquello que es importante para ella y seguir construyendo su proyecto de vida.








