El daño cerebral también puede afectar al sistema endocrino

Estudios recientes señalan que un 42% de las personas que han sufrido una lesión cerebral padecen alguna disfunción en el sistema endocrino. El hipotálamo y la hipófisis o glándula pituitaria son las estructuras cerebrales encargadas de segregar hormonas, por lo que sufrir algún tipo de daño en estas áreas determinará un cambio en el comportamiento sexual de la persona afectada. Es importante tener en cuenta el momento en el que se produce la lesión y realizar una valoración exhaustiva de la persona a nivel cognitivo, funcional y de la dimensión sexual.

Autoras:

 

– Ainhoa Espinosa 
Neuropsicóloga de Hermanas Hospitalarias Aita Menni en el 
Centro de día de daño cerebral de IFAS Bekoetxe, y formadora en neuropsicología y sexualidad 

– Alba Muñoz
Neuropsicóloga

Miembro ordinario de la  División de Neuropsicología Clínica (NPsiC)

Entre los factores implicados en el disfrute y en el desarrollo de la sexualidad, destaca la gran influencia del sistema endocrino y su posible afectación tras una lesión cerebral.

El desarrollo y la evolución del sistema hormonal o endocrino también se pueden ver alterados tras un daño cerebral sobrevenido. Al igual que valoramos el déficit cognitivo -conductual y sus consecuentes limitaciones en la respuesta sexual de la persona, deberíamos analizar la respuesta hormonal ante variaciones en la evolución y respuesta afectivo-sexual.

La alta prevalencia de disfunción endocrina tras un daño cerebral justifica su evaluación. Estudios recientes señalan que un 42% de las personas que sufren un daño cerebral adquirido padecen alguna disfunción en el sistema endocrino, que es el encargado de segregar las hormonas.

Más concretamente, tanto el hipotálamo como la hipófisis o glándula pituitaria son las estructuras cerebrales encargadas de segregar hormonas, por lo que sufrir algún tipo de lesión en estas áreas determinará un cambio en el desarrollo sexual de la persona afectada.

El hipotálamo es una estructura cerebral que produce hormonas, con un papel importante en la regulación de: los estados de ánimo, la temperatura corporal, el sueño, los impulsos sexuales o del hambre y la sed. La hipófisis, al igual que el hipotálamo, segrega hormonas y tiene una importante función en el crecimiento de la persona.

Es necesario un correcto funcionamiento de estas áreas para el desarrollo sexual. O lo que es lo mismo, la segregación de hormonas es la responsable de diversas características propias del cuerpo humano, tanto masculino como femenino.

Los déficits cognitivo-conductuales consecuentes en ocasiones a las lesiones cerebrales pueden provocar alteraciones en el desarrollo sexual, si bien, en muchas ocasiones, tras un daño cerebral son los procesos endocrinos los que generan tales desordenes y, en este caso, no siempre se realizan estudios hormonales para determinar la causa y poner solución a las dificultades consecuentes. Por alguna de estas causas, se pueden observar desórdenes en la respuesta sexual humana y/o en el crecimiento de las características sexuales propias de cada sexo, provocando, con seguridad, consecuencias diversas en la persona: afectivas, de aceptación de la imagen corporal, dificultades en alguno de los estadios propios de las relaciones sexuales (deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución) y, una vez más y, desgraciadamente propio de la diversidad, posible exclusión social.

Para tomar conciencia de la complejidad e importancia del sistema hormonal humano y de sus consecuencias en el desarrollo sexual vamos a tratar de explicarlo:

  1. En primer lugar, el hipotálamo se encarga de segregar la hormona liberadora de gonadotropina tanto en el cuerpo femenino como en el masculino.
  2. Esta hormona llegará a la glándula pituitaria para elaborar y producir la hormona luteinizante y la hormona folículoestimulante.
  3. En el sexo masculino, estas hormonas hacen que los testículos produzcan testosterona y en menor medida, estrógenos, y en el sexo femenino que los ovarios produzcan estrógenos y progesterona y, en menor medida, testosterona. Además, en las mujeres se produce una glicoproteína conocida como la ‘’hormona del embarazo’’.

Como hemos dicho, este funcionamiento en cadena puede ser interrumpido por una lesión inesperada por lo que el desarrollo sexual se vería truncado y afectar a diversas características físicas y sexuales de la persona.

Al llegar a la pubertad se produce un incremento en la síntesis y liberación de las gonadotropinas. Estas, al llegar al testículo u ovario, dan lugar a los cambios asociados a la pubertad.

  • En el caso de las mujeres, las hormonas sexuales, los estrógenos, son las responsables de buena parte de todos los cambios propios de la pubertad, como cambios emocionales y en el impulso sexual, desarrollo de mamas, crecimiento de la vagina y del ovario o la distribución de la grasa corporal. La progesterona será la encargada del mantenimiento de los ciclos menstruales, entre otros.
  • En los hombres, hablamos de la testosterona y la proteína liberadora de andrógenos, que, al unirse, estimulan la parte final de los espermatozoides. La testosterona es la encargada de mantener la espermatogénesis y la responsable de diversas características del sexo masculino, como cambios emocionales y en el impulso sexual, mayor masa muscular, cambios en la laringe, entre otros.

Para que se pueda dar una respuesta sexual humana o una serie de cambios físicos y hormonales ante un estímulo sexual son precisos estos mecanismos hormonales, además de las implicaciones emocionales y psicológicas; ambos procesos necesarios para llegar al disfrute afectivo-sexual.

Al darse un daño cerebral sobrevenido puede afectar de las siguientes formas:

  • Hipogonadismo: cuando el hipotálamo se ve modificado estructuralmente a consecuencia del daño, la hormona liberadora de gonadotropina no produce apenas o ninguna hormona sexual, tanto en hombres como mujeres. Si el daño cerebral ocurre a lo largo de la pubertad podemos encontrarnos con hombres y mujeres con sus características sexuales secundarias modificadas. Por ejemplo, poco pecho en mujeres, poco vello, poca libido, y escasa masa muscular y ósea tanto en hombres como mujeres.
  • Sintomatología prostática: tras la lesión, muchas veces, la próstata deja de funcionar correctamente y el recorrido del semen desde su formación hasta su salida al exterior se ve alterado. Cuando el pene está erecto, la próstata se encarga de que no salga orina a la hora de eyacular, por lo que, en estas ocasiones, el semen sale mucho más aguado. Esto tiene implicaciones psicológicas como la inseguridad a la hora de mantener relaciones sexuales.
  • Alteraciones hormonales: cuando no hay una producción suficiente de andrógenos, los niveles de testosterona son menores, generando en ambos sexos una reducción significante del interés y la motivación sexual. Muchas veces escuchamos que, al tomar medicación hormonal, nuestras emociones se ven alteradas (irritabilidad, mayor labilidad, rumiación, sintomatología ansiógena…), y es que si tenemos un nivel de andrógenos irregular notaremos estas alteraciones. Por ello, estas hormonas están muy implicadas en la parte afectiva, que nos condicionan a la hora de mantener relaciones satisfechas.

Es importante tenerlo en cuenta, también, con aquellas personas que tienen hiperactividad sexual no controlada o conducta más disruptivas (agresividad). Un nivel elevado de testosterona favorece la aparición de comportamientos agresivos o de mayor desinhibición, y en las mujeres mayor probabilidad de infertilidad.

Asimismo la alteración de la producción de estrógenos genera efectos negativos tanto en hombres como mujeres. En los hombres, disminuye el interés y las respuestas sexuales. En las mujeres pueden darse cambios en el estado de la vagina y en su capacidad de lubricación. Es frecuente encontrarnos como consecuencia algunas disfunciones como la dispareunia (dolor en las relaciones coitales).

  • Alteración en el ciclo menstrual de las mujeres: a causa también de estas variaciones hormonales, podemos encontrarnos cambios en la frecuencia, el ritmo, la cantidad e intensidad del sangrado. La causa con frecuencia es traumática y la glándula mayormente afectada por el impacto, la pituitaria. La amenorrea – ausencia de menstruación- y la endometriosis -cuando el tejido que reviste el útero de la mujer crece en lugares donde no debiera- suelen ser las más frecuentes. También nos encontramos con mujeres que, habiendo tenido el daño durante su adolescencia, llegan a una etapa en la que se sienten preparadas para ser madres, pero no consiguen quedarse embarazadas. Esta es otra de las consecuencias de la alteración de las hormonas, que no dan lugar a la ovulación, o bien que el útero no se encuentra preparado de forma pertinente para recibir un embrión.

En toda respuesta sexual humana se generan unos cambios hormonales, fisiológicos y, por supuesto, implicaciones afectivas y emocionales.

Es importante tener en cuenta el momento en el que se produce la lesión y realizar una valoración exhaustiva de la persona a nivel cognitivo, funcional y de la dimensión sexual. Muchas veces tratamos con personas con problemas en su desarrollo o relaciones afectivas, en las que sus capacidades cognitivas o conductuales son muy determinantes. Pero son también estos mecanismos fisiológicos y estructurales los que además generan estos desórdenes, tanto en su comportamiento sexual como en el crecimiento de sus características sexuales. Quedaría justificada la importancia de analizar las implicaciones de la lesión adquirida en el sistema hormonal para poder comprender los síntomas asociados y tratar de minimizar las consecuencias negativas de los mismos en la persona.

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