
Adaptar el dormitorio, el salón y la cocina tras un daño cerebral adquirido - 2026-09-29
La habitación donde duerme una persona que ha sufrido una lesión cerebral es un espacio en el que han de realizarse transferencias, tareas de vestido, higiene parcial, cambios posturales y otros cuidados frecuentes. El salón y la cocina son espacios en los que se desarrollan diferentes actividades de la vida cotidiana. Las tareas culinarias conllevan participación y también riesgos. El salón es donde la persona pasa más tiempo diurno. Adaptar la distribución del mobiliario y seleccionar los productos de apoyo adecuados puede facilitar la vida diaria, favorecer la autonomía y mejorar la seguridad de la persona y de quienes la cuidan.
Escrito por: Ane Cáceres
Terapeuta ocupacional. Servicio de Neurorrehabilitación y Daño Cerebral, Ospitalarioak Fundazioa Euskadi
Un daño cerebral adquirido (DCA) puede provocar un abanico amplio de secuelas, si bien las motoras suelen estar entre las más visibles: debilidad en la parte del cuerpo contraria a la del hemisferio lesionado, hemiplejías (parálisis de medio cuerpo) o hemiparesias (pérdida de fuerza y destreza en esa mitad). En los casos más severos, puede verse comprometida la capacidad de sostener la cabeza, mantenerse sentado sin apoyo, ponerse de pie o caminar. Más allá de lo motor, el DCA también puede alterar otras funciones y en conjunto la autonomía para las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
Dentro de la vivienda de una persona que ha tenido un ictus o ha sufrido cualquier otro tipo de lesión cerebral, el dormitorio puede escenario de diferentes actividades y cuidados cotidianos, como las transferencias, el vestido, la higiene parcial (si no puede acceder a un baño adaptado) y los cambios posturales.
Para facilitar estas tareas, la distribución de muebles y enseres en la habitación debe dejar espacio para los desplazamientos y las transferencias. Ante todo, se recomienda mantener despejados los recorridos entre la cama y la puerta, y disponer de sitio suficiente en el lado de la cama por el que se realiza la transferencia.
En este sentido, es recomendable favorecer que la persona pueda acostarse y levantarse por su lado más funcional.
La cama y otros productos de apoyo
Entre los productos de apoyo más relevantes para el dormitorio se encuentra la cama. Para personas con graves problemas de movilidad, es interesante que sea articulada, con o sin carro elevador, que permite ajustar la altura y la posición para mayor comodidad, facilitar las transferencias y reducir la carga de la persona cuidadora.
También pueden utilizarse diferentes productos en función del riesgo de úlceras por presión, como colchones viscoelásticos o de aire alternante, así como taloneras y dispositivos de posicionamiento.
Las barandillas también pueden formar parte de la adaptación, pero su utilización debe responder a un criterio individualizado. En personas con agitación o con dificultades de comprensión, pueden incrementar los riesgos si intentan superarlas.
Adaptar el salón
Con frecuencia infravalorado, el salón es un espacio en el que la persona pasa buena parte del tiempo durante el día, por lo que es importante garantizar espacios de paso de al menos 80 cm y zonas de giro de 1,50 m de diámetro cuando se utiliza silla de ruedas.
También se recomienda eliminar obstáculos, como alfombras y cables, y adecuar el mobiliario de sedestación. Las sillas o sillones deben contar con una base firme, una altura de 45-47 cm, un respaldo con buena alineación y reposabrazos que faciliten la bipedestación.
En este sentido, un sillón individual bien seleccionado puede resultar más funcional que un sofá convencional.
Adaptar la cocina
La cocina combina autonomía, participación significativa y riesgo. Las tareas culinarias han sido identificadas como una de las áreas con mayor potencial rehabilitador en Terapia Ocupacional tras un DCA.
Para facilitar su uso, la encimera debe situarse a 75-80 cm, con un hueco inferior superior a 70 cm para las piernas. Los objetos de uso frecuente deben estar al alcance, mediante baldas frontales, ganchos o módulos con ruedas.
La grifería con caño extraíble evita tener que transportar recipientes llenos, mientras que los enchufes situados en el frontal permiten trabajar en sedestación sin adoptar posturas forzadas. Asimismo, el microondas, el horno y el lavavajillas deben ubicarse dentro de un rango de alcance funcional, con apertura lateral o carros extraíbles si fuera necesario.
Productos de apoyo para facilitar las actividades cotidianas
Los productos de apoyo deben seleccionarse a partir del análisis de las actividades que la persona necesita o quiere realizar y de las dificultades funcionales que presenta. En personas con hemiparesia, hemiplejia o limitación funcional unilateral del miembro superior, pueden facilitar el desempeño de diferentes actividades en el domicilio. Su elección no debe responder únicamente a un catálogo de productos, sino a las necesidades concretas de la persona y a las características del entorno. Además, la prescripción debe acompañarse de ajuste, entrenamiento en el contexto real y revisión periódica para favorecer su uso efectivo.
Una adaptación ajustada a cada persona
La adaptación de la habitación debe responder a las necesidades funcionales de cada persona y a las características concretas del espacio. La distribución y los productos de apoyo seleccionados deben facilitar el desempeño de las actividades y los cuidados que se realizan en este entorno. El objetivo es favorecer las transferencias, facilitar las actividades cotidianas y prevenir complicaciones, siempre teniendo en cuenta las necesidades específicas de cada persona.


